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El discurso del odio

13 de mayo de 2016

ODIO: Sentimiento fuerte de rechazo o antipatía hacia una persona o cosa cuyo mal se desea. Aversión, sentimiento intenso de repulsión. Una pasión ciega y arraigada en el corazón. No perdona y va acompañada del rencor y de la mala voluntad. No es disgusto, es ira.

El odio es un sentimiento negativo y dañino, no aporta y sin embargo, es humano. Vive entre nosotros y es contagioso, va penetrando en la gente, se va adueñando de las masas y poco a poco destruye cada una de las capas de nuestra sociedad.  Conforme va extendiéndose, se normaliza, se aprende a vivir con él.

Lo vemos mucho últimamente con el sobre mediatizado Donald Trump, es lo que vivió Venezuela con Hugo Chávez y fue el discurso de Hitler. Mensajes separatistas cargados de odio. El sentimiento que infecta como plaga y destruye, y que en lugar de resolver problemas, señala errores, no ofrece soluciones e infunde miedo.

Los intereses y las ideologías radicales de algunos, empiezan a penetrar en la gente a través de los medios de comunicación y las redes sociales a velocidades indescriptibles.  Hoy en día, cualquier persona puede emitir un mensaje que es capaz de llegar al mundo entero, sin necesariamente estar fundamentado con argumentos reales o siquiera, bajo los principios básicos de ética como la solidaridad y la justicia.

Las personas que reciben información maliciosa, tendenciosa, falsa o negativa, que no dedican ni un minuto a la reflexión, investigación o corroboración, se dejan impregnar por estos mensajes de odio y de manera casi automática la replican, de manera tal vez inocente, y sin pensar más allá, abonan a que el mensaje de odio se multiplique vertiginosamente causando un daño irreversible en algún integrante de la sociedad, dañando a toda una comunidad.

De pronto, el ser humano se convierte en un recipiente vacío, que solo recibe y replica la información, sin filtrarla a través de su propio juicio. ¿Dónde queda el pensamiento crítico, la reflexión y el criterio cuando la gente,  sin cuestionar, cree y multiplica lo que escucha o lee?

Desafortunadamente, por nuestra condición humana, nos llaman más la atención los mensajes negativos que los positivos.  Algo escandaloso o incorrecto, se corre como reguero de pólvora, y las noticias positivas, se quedan en el tintero porque no se consideran tan interesantes o mediáticas.

“Cuando figuras públicas en posiciones de influencia promueven el odio, algo dañino ocurre”, escribió la especialista en migraciones Sanam Malik. “Ellos legitiman conductas socialmente inaceptables, normalizan el odio y por lo tanto promueven la violencia”

El periodista Jorge Ramos escribió en un artículo para El Norte, refiriéndose al rechazo de Trump hacia los inmigrantes mexicanos: “El mismo efecto negativo también podría ocurrir contra los musulmanes que viven en Estados Unidos ya que Trump llamó por un cierre total y completo a los musulmanes que quieran entrar a ese país”.

Las figuras públicas tienen la responsabilidad de condenar el odio y no de fomentarlo.  Los medios tienen la responsabilidad de publicar con fundamentos y de forma imparcial y los usuarios, los ciudadanos, tenemos la obligación de evaluar con pensamiento crítico lo que leemos y vemos, antes de juzgar o de promover los mensajes negativos, ofensivos y separatistas.

Jorge Ramos denuncia en su artículo: “Las palabras importan. Tienen consecuencias. Ese tipo de discursos sólo refuerza los estereotipos y prejuicios que algunos estadounidenses ya tienen contra los musulmanes. Una vez que el odio se contagia, es muy difícil sacarlo del corazón”

Sin embargo, el odio, como cualquier enfermedad, solo puede crecer en un ambiente hostil y poco nutrido.  El odio se alberga en los corazones que de principio, tienen falta de amor y crece de manera infecciosa entre la gente con falta de criterio y poca responsabilidad social.

Necesitamos líderes responsables, medios de comunicación responsables y cada uno de nosotros, ser responsables de la información que replicamos.

Necesitamos padres y maestros que con el ejemplo, les muestren a los niños, a las nuevas generaciones, que las soluciones son en base al amor, a la ética, a la colaboración, a la construcción de ideas y puentes y al servicio, porque eso, también se contagia.

Estoy segura de que todos preferimos contagiarnos de amor y no de odio.