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Educando para la paz

6 de noviembre de 2015

“Tengo un sueño en el que mis cuatro pequeños hijos vivirán un día en una nación en la que no serán juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter”.
– Martin Luther King, Premio Nóbel de la Paz, 1964.

Aceptó este premio, por el que después pagaría con su vida, sosteniendo que la no violencia es la respuesta, con la esperanza de que la violencia y la opresión desaparecieran un día, afirmando que la paz, es el único camino para lograr la paz.

La lectura y las matemáticas son las herramientas básicas que miden las pruebas de inteligencia y encontramos en cualquier programa de estudios. ¿Por qué no considerar también la educación para la paz como un pilar básico en la formación de nuestros pequeños? El conocimiento por sí solo, no es suficiente. Aprender a enfrentar la violencia con no violencia, a escuchar, a dialogar, deben de ser consideradas también habilidades básicas para la formación del ser humano.

Para educar a nuestros niños para la paz, es necesario exponerlos a experiencias libres de injusticias, violencia y miedo. Es nuestro deber construir un ambiente pacífico alrededor de ellos para que vivan sus primeros años de vida. Hay que proveer a los niños de experiencias en las que practiquen la compasión y la empatía. Sólo así podremos esperar que ellos desarrollen el deseo de tener un mundo pacífico.

Es en la niñez cuando los niños desarrollan los principales valores y habilidades para la vida, pero tiene que ser a través del ejemplo. Tenemos la obligación de construirles un clima positivo y cálido, una red de relaciones en las que vean cómo, a través del diálogo, se pueden solucionar los problemas de manera pacífica. Es nuestro deber mostrarles, con nuestros propios actos, a manejar sus emociones. Los niños deben de saber, que siempre hay opciones para resolver los conflictos, que siempre habrá una alternativa más poderosa y efectiva que la violencia.

Educar para la paz implica formar en valores como la justicia, el respeto, la cooperación, la convivencia, la solidaridad y la tolerancia. Los niños deben de crecer viéndonos respetar y dar a los demás, como algo natural y cotidiano. Hay que educar la paz interior, reforzando la autoestima y practicando el interés genuino por nuestros semejantes. Hay que educar la paz exterior, ejerciendo la democracia y la justicia.

Reflexionemos en nuestra propia conducta, en nuestra forma de resolver problemas, de comunicarnos, en lo que leemos, en lo que decimos, en lo que permitimos que nuestros niños usen, vean o lean, para analizar si somos instrumentos de paz o de violencia, pues justamente eso, les estaremos enseñando. Ellos nos están viendo y están aprendiendo de nosotros, todo el tiempo, y no tienen opción. Tan bueno o tan malo como podamos serlo, somos su modelo.

Gran parte de lo que resulte ser ese ser humano el día de mañana, depende de ti, AHORA.

“No hay camino para la paz, la paz es el camino”
Mahatma Gandhi